TESTIMONIO DEL DIÁCONO RENATO A LOS DOS AÑOS DE SU ORDENACIÓN

Hace dos años, yo y otros 30 compañeros, éramos ordenados diáconos por las manos de don Belisario da Silva, para servir a la iglesia del arzobispado de San Luis.
El diácono permanente es una vocación de la Iglerenato 1sia para el servicio de la comunión, para el servicio de los hermanos. El padre Walter Goedert, presenta una definición y comentarios, muy interesantes sobre la vocación, destaco el que escribe: “ya que el diácono permanente es al mismo tiempo padre y esposo, ejerce una profesión civil y se dedica a la comunidad eclesial por el sacramento del orden, su vocación abarca varios aspectos. En realidad, son tres grandes dimensiones: Familiar, profesional y eclesial. Aunque con desafíos propios, estas no dejan de contribuir positivamente a la realización de la vocación diaconal.
Administrar estos retos y ponerlos al servicio de la misión es tarea diaria. Es preciso madurez para conceder a cada función el peso adecuado en el momento exacto. La armonización de los posibles conflictos exige una escala de valores dictada por la vivencia de los sacramentos del matrimonio y del orden, y por la responsabilidad profesional. No se trata de privilegiar una de las dimensiones en detrimento de las otras; es necesario, incluso dando prioridad momentánea a una de ellas, buscar el equilibrio. Sin esa armonía no existe plena realización profesional.renato6
Una vez que la vocación incluye aspectos sobrenaturales (es Dios quien llama y espera respuesta), es necesario aplicar a la vocación diaconal las características bíblicas de la llamada. Vocación es ante todo, don de Dios: ‘antes incluso de te formaras en el vientre materno, yo te conocí; antes de que salieras del seno, yo te consagré. Yo te he puesto profeta para las naciones’ ( Jr 1,4-5 ). También es don para la Iglesia. Un bien para la vocación y para su misión. Como don, debe ser acogido dentro de las circunstancias del tiempo y del ambiente. En la evaluación de la autenticidad de una vocación deben ser tenidas en consideración las aptitudes objetivas del candidato,la libre determinación de la voluntad y la confirmación de la llamada por la iglesia. Este proceso debe ser hecho en estrecha unión con la familia del candidato (o diacono), con la comunidad eclesial y con los responsables directos de la formación diaconal.
Las sagradas escrituras revelan, además, que la llamada ocurre en vistas de una misión específica. Es una invitación personal que espera adhesión consciente derenato3 fe y de vida, incluida una consagración particular a Dios en forma de servicio al pueblo. Toda vocación es un servicio; la llamada al diaconato loes de forma especial por ser el diácono señal sacramental de Cristo – Siervo. El servicio, algo común a todos los cristianos, el diácono lo asume como función propia, de la que da testimonio personalizado. Abraza la diaconía con toda la intensidad de su vida, como algo que le afecta en primera persona. Juan Pablo II dice: ‘ el diacono trabaja al seguimiento de Jesús, en esta actitud de servicio humilde que no solo se expresa en las obras de caridad, pero invierte y forja el modo de pensar y de actuar’ (L’ Osservatore Romano, n. 43 ( 24/10/93 ), p 12 ). Por ello tanto, Puebla ha dicho que la misión y la función del diácono no deben evaluarse con criterios meramente pragmáticos, por estas o aquellas funciones […]. el carisma del diácono es ser señal sacramental de Cristo – Siervo ( p 697-698 ).
Aunque la vocación surja de una llamada de Dios, Él lo hace, normalmente, por medio de caminos vinculados a la realidad en que vivimos. La llamada es acogida por hombres concretos, cada cual con su historia, limitaciones y cualidades. Por lo tanto, el discernimiento debe tener en cuenta no sólo criterios objetivos, pero también requisitos personales, espirituales, familiares y comunitarios (‘directrices para el diaconato permanente’, 135-139). Deben considerarse desde las tendencias instintivas y los deseos íntimos hasta el modo de ser de cada uno, su entorno, su historia.’
Hoy, me gustaría dar las gracias a Dios por mi vocación, a Don José Belisário da Silva por la confianza a mí depositada, a mi esposa Odete Moreira y a nuestra hija Carmen Moreira, por estar conmigo en esa misión, a mis hermanos en el diaconado y mis cuñadas ( esposas de los diáconos ), A mi párroco, P. Jadson Borba Borba, por su amistad, compañerismo y acogida, a mi parroquia de San Juan Bautista de Vinhais, por favorecerme en esta vocación y por su acogida desde cuando allí llegamos y a losamigos y familiares que siempre me apoyan.renato7
¡Dios bendiga a todos!
Renato Fontoura es diácono de la Arquidiocesis de San Luis de Marañao

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Acerca de diaconofrancisco

Diácono de la Archidiócesis de Madrid.

Publicado el 25 noviembre, 2014 en Noticias diaconado Iglesia Universal, Testimonios. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Tengo una pregunta: yo soy ingeniero geólogo casado (9años) y tengo 35 años,¿es posible ser diácono y continuar con mi carrera profesional?

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