LA PALABRA DE DIOS COMO GRACIA Y SALVACIÓN EN LA VIDA DEL DIÁCONO

La revelación judeo-cristiana es la historia de un encuentro, el de Dios con el ser humano. Dios está permanentemente buscando al hombre y se le manifiesta por todos los medios a su alcance.: “Dios, creando y conservando el universo por su Palabra (cf. Jn 1,3), ofrece a los hombre en la creación un testimonio perenne de sí mismo (cf. Rom 1, 19-20); queriendo además abrir el camino de la salvación sobrenatural, que se reveló desde el principio a nuestros primeros padres”l. En estas palabra, tomadas del Concilio Vaticano 11, se hacen dos importantes afirmaciones: por una parte, Dios en la creación, está siempre manifestándose, diciendo algo, presionando para que el hombre le descubra.descarga

Conforme a una concepción común en la antigüedad, el mundo bíblico no ve únicamente en la palabra humana un vano sonido, un simple medio de comunicación entré los hombres; la palabra expresa la persona participa de su dinamismo, está dotada en cierto modo de eficacia. De ahí su importancia en la marcha de la vida; según su calidad implica para el que la pronuncia honor o confusión (Eclo 5,3); la muerte y la vida están en su poder (Prov 18,21). Para juzgar el valor del hombre es por tanto como la piedra de toque que permite experimentarlo (Eclo 27,4-7). La carta de Santiago vuelve a estos mismos consejos sobre los extravíos de la palabra (Sant 3,2-12): velar sobre el propio lenguaje es un exigencia primera de la sabiduría cristiana (cf. 1,26 y 3,2).

El Obispo,durante la ordenación, entrega al diácono el libro de los santos evangelios diciendo estas palabras: “RECIBEEL EVANGELIO DE CRISTO DEL CUALTE HAS TRANSFORMADOEN SU MENSAJERO”.

Del mismo modo que los sacerdotes, los diáconos se dedican a todos los hombres,sea a través de su buena conducta, sea con la predicación abierta del misterio de Cristo, sea transmitir las enseñanzascristianas o al estudiar los problemas de su tiempo.

En la vida del Diácono, se hace vida la palabra de Dios y se hace gracia. Dice el Catecismo de la Iglesia Católica (núm. 1184). “La dignidad de la Palabra de Dios exige que en la Iglesia haya un sitio· reseservado para su anuncio, hacia el que, durante la Liturgia de la Palabra se vuelva espontáneamente la atención de los fieles”. Este lugar, adecuado y estable,llamado hoy ambón ha sido visto en la tradición cristiana como imagen de la piedra del sepulcro de Cristo, desde la cual el ángel anuncia la Buena Noticia de la resurrección. La Palabra tiene que ser proclamada y escuchada.Ya que la “Iglesia se edifica y crece escuchando la Palabra de Dios (Ordo Lectionum Missae=OLM 7) ésta siempre ha venerado las Sagradas Escrituras como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, pues sobre todo en la sagrada liturgia, nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el pan de la vida que ofrece en la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo (DV 21). Por lo que no está permitido omitir o sustituir, arbitrariamente, las lecturas bíblicas prescritas ni, sobre todo, cambiar las lecturas y el salmo responsorial, que contienen la Palabra

lDei Verbum,3.12043185_10206580007154421_6661778817468248029_n
de Dios, con otros textos no bíblicos” (RS 62). El ministerio del diaconado es ejercicio de la sacramentalidad de la Iglesia; no es simplemente cumplimiento de unas tareas sociales y comunitarias. La sacramentalidad une la fe y el amor cristianos con la realización de ciertas actividades relevantes para la edificación de la Iglesia; es por ello, dinamismo también evangelizador y no solo eficacia social y práctica. Con el Espíritu Santo el candidato es incorporado por la autoridad competente en el ministerio del diaconado, ya que la presencia y actuación del Espíritu Santo en la Iglesia según la promesa de Jesucristo realiza la eficiencia sacramental y animado con la oración que es el motor de la vida de gracia de un diácono para vivir evangelicamente su ministerio como tal, como una gracia extraordinaria y gratuita que Cristo le ha regalado sin ningún mérito propio por el candidato al diáconado permanente, es una gracia de estado, que siempre irá en aumento, si el mismo se entrega en cuepo y alma a Cristo, en que haga realidad su fe, pero con obras. No vale la fe sin obras. Seria en todo caso una fe muerta, que no vale para nada …

Podemos decir que el diácono, es configurado con Jesucristo Servidor,a través sacramental de su ministerio como tal. La tradición cristiana ha considerado al “Diácono” como representante
y signo de Cristo servidor.

Sin el amor al pobre, al marginado, al que la sociedad lo aparta, es tarea del diácono, acoger, alentar. Como la Pastoral Sanitaria, La Pastoral Penitenciaria, la Pastoral de Cáritas, Manos Unidas, La Pastoral Familiar. La Pastoral de Emigraciones.Todas estas acciones, tienen que estar alentadas por los Obispos Diocesanos y su Presbiterio y el brazo ejecutor de todo ello pueden
hacerlo el diácono permanente, trabajando desde el silencio interior y una oración
comprometida para ayudar a sus hermanos los hombres que sufren actualmente y necesitan de una palabra amiga, que los acoja en todas sus fases y con la humildad suficiente, que el que lo hace todo es Cristo, nosotros somos meros instrumentos en las manos de Dios.

Hicimos, lo que teniamos que hacer, siervos inútiles somos…

La vocación al diaconado permanente, es la vocación de Cristo mismo, dirigida a los cristianos y no cristianos de nuestro mundo actual. Es una gracia santificante dicho ministerio, vivido con amor y entrega. Y los que nos rodean se benefican de esa gracia, como una gracia actual para ellos. Los hombres de nuestro tiempo han perdido el “Hilo Conductor” que es Cristo y nosotros nos ha puesto Dios en el camino, para acompañar, ayudar y hacerles la viciad más fácil, a todos los que nogervasioprender y salimos como Diáconos, para servir

a todos nuestros hermanos más necesitados de la sociedad”. Que lección, recibimos todos los

días de Cristo, al leer las Sagradas Escrituras que es el “Pan cotidiano de la Palabra, junto con el alimento de la Sagrada Eucaristía, y la presencia de Cristo entre los cristianos, cuando dos o tres están reunidos en mi nombre, yo estoy enmedio de ellos”. Las tres presencias reales de Cristo entre los hombres y mujeres de nuestro tiempo .

LA GRACIA EN DIOS:

Dios mismo se define asi “Yahveh, Dios de ternura y de gracia, tardo a la ira y rico en misericordia y fidelidad” (Éx 34,6). En Dios la gracia es a la vez “misericordia” que se interesa por la miseria de los hombres más débiles y desprotegidos de este mundo. Y Las palabras de Cristo, resuenan en nuestros oídos: “Tuve hambre y me distes de comer, estaba enfermo y preso y vinisteis a visitarme … etc. (santos evangelios).

DIOS ES EL UNICO QUE PUEDE COLMAR TODAS NUESTRAS ASPIRACIONES: Capaz de garantizar a todas sus criaturas la plenitud de sus derechos y de colmar todas las aspiraciones que cualquier criatura humana pueda desear. Dios es el gozo y la paz de los suyos es efecto de su gracia. Por la muerte y la resurección de Cristo dice san Pablo de Tarso, nos vino todas las gracias. La gracia de Dios, sobre sus elegidos, los Diáconos, para el servicio y la entrega de sus vidas.” Sois, los pies y las manos de Cristo, rezaba al pié de un Cristo mutilado en nuestra pasada guerra civil española.”

LA GRACIA DE DIOS SE REVELÓ EN JESUCRISTO:

La venida de Jesucristo muestra hasta dónde puede llegar la generosidad divina, hasta darnos a su propio Hijo (Rom 8,32). La fuente de este gesto inaudito es una mezcla de ternura y fidelidad y de misericordia y perdón de Dios Padre con sus hijos los más apartados y pecadores de este
mundo, del cual nosotros también vivimos y somos participes de las dichas y de las desgracias consumadas de nuestros contemporáneos.

Por eso la vida del Diácono, es gracia santificante, mientras no rechace a su Creador y Redentor, ya que la vida sin Cristo, no sería vida, sería más bien infierno, por eso los que están condenados para toda la eternidad, su tormento es no volver a estar con Dios y todos IMG_5733los santos en el Cielo. El diácono por su misión y entrega, recibirá a lo largo de toda su vida un cúmulo de gracias actuales, que es una carga de riquezas para él y toda su familia. Y de eso se benefician todos aquellos que tengan el acierto de trabajar y colaborar con un ministro ordenado ya que servir es reinar con Cristo sumo y eterno Sacerdote. El sacramento del Padre es Cristo mismo. Y de Él se derivan todas las gracias, junto al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Diácono Clemente Fernández Lozano, de la Archidiócesis de Madrid

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Publicado el 19 octubre, 2015 en Formación diaconal y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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