Hoy le ha tocado al diácono Fabián la lotería: ya se lo llevó el Señor

 Este sábado, 27 de febrero, a los 80 años de edad,  el Señor se llevó al diácono Fabian. El velatorio está teniendo lugar en la sala 15 del cementerio de PARCEMASA. El funeral será el domingo 28, a las 11.00 horas. Con este motivo, recuperamos la entrevista que concedió a Diocesismalaga.es en la pasada fiesta de Todos los Santos

“El día que el Señor me lleve, me habrá tocado la lotería”

El diácono permanente Fabián García, que durante más de una década ha servido en el cementerio de San Gabriel (PARCEMASA), nos habla, desde su retiro por motivos de salud, de su relación con la enfermedad y la muerte ante esta fiesta de Todos los Santos. Calcula haber celebrado casi 20.000 funerales pero, afirma, «no hay dos iguales».

Virgen de Belén y el Salvador de Málaga, Arroyo de la Miel, Arriate, Churriana… Muchos han sido los destinos como diácono permanente de Fabián García (Pozoblanco, 2015). Pero ha sido su paso por el cementerio de San Gabriel (PARCEMASA) el que ha marcado su labor pastoral, llevando el consuelo del Evangelio a miles de familias.MLG.-28/01/2010.-. MIRANDO ATRAS .  FABIAN GARCIA , DIACONO .-ARCINIEGA

Su corazón ha dicho basta. Se acabaron las jornadas de hasta 18 horas en el cementerio, los cuatro funerales diarios, los ratos interminables de acompañamiento a las familias… Desde hace casi un año, el diácono permanente Fabián García, padre de cinco hijos, abuelo de ocho nietos y bisabuelo de un niño, está retirado de la misión apostólica en PARCEMASA que venía realizando los últimos 12 años. «No es tan duro el trabajo del cementerio –afirma, no obstante–. A mí me ha aportado muchísimas satisfacciones. Ponerse enfrente de una persona que ha perdido a un ser querido y hablarle de Dios, eso lo disfruta uno como un enano. Esa es nuestra vida: estar al lado de los que sufren; tener las puertas abiertas, el corazón y el cuerpo entero, dispuesto a quien nos necesite».

A pesar de haber oficiado más de 20.000 exequias, afirma no haberse aburrido nunca: «no hay dos entierros iguales». Su truco para tener siempre la palabra precisa y que parezca siempre nueva es «a base de Evangelio, no hay otro camino». Incluso en las situaciones más duras, como ante la muerte de un niño, García tiene palabras para levantar el ánimo: «mira que es duro enfrentarte a una familia que ha perdido a un hijo, sobre todo para los que tenemos familia.Yo les saco el Evangelio: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré”. Cuando me preguntan que de dónde saco las fuerzas para predicar, yo les digo: “del Evangelio y del Padrenuestro. Prueba a vivir como dice el Evangelio, a ver qué pasa. Luego vienes y me cuentas si es o no verdad”».fabian

Es curioso cómo, ante el misterio de la muerte, muchos se replantean sus convicciones. «A los no creyentes no he ido a buscarlos. Venían ellos a mí, a montones. Yo les decía: “No queréis saber nada de la Iglesia pero luego venís a pedirme… Pero en fin, el Señor es misericordioso y si os quedáis tranquilos, lo hacemos”». Una auténtica incursión en las periferias existenciales. Para Fabián, la celebración de Todos los Santos y de Todos los Fieles Difuntos «es de lo más grande que podemos celebrar si se hace con conocimiento de causa. Tendría que tener más fuerza en nuestra Iglesia. ¡Que no acaba todo aquí, que empieza!».

Con respecto a la popularización de la fiesta pagana de Halloween, el diácono es tajante: «eso pasa porque no sabemos lo que celebramos en este día. Celebramos lo más grande, lo que nos espera: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Dudamos sin tener que dudar. Si Dios me promete a mí una cosa, ¿por qué tengo yo que desconfiar?, ¿por qué tengo yo que ser más que Dios? Los cristianos, en estas fechas, tenemos que reflexionar sobre lo que nos espera. Aquello tiene que ser gloria bendita ¿Y le tememos a la muerte? ¿Y para qué nacimos si no es para la muerte? La muerte es un salto de los sufrimientos de esta vida al cielo. El día que el Señor me diga: “Se ha acabado, tira para acá”, ése día me habrá tocado la lotería. ¡Si es lograr lo que yo quiero y por lo que he luchado! El Día de los Difuntos tiene que ser el más grande de nuestras celebraciones».

¡Qué bello es vivir!

Pasar un rato a su lado es recibir una dosis en vena de esperanza. Esa verdadera alegría que llena el corazón y que no puede ahogar ninguna situación humana, por dolorosa que sea. Para un hombre como Fabián, acostumbrado a vivir junto al dolor humano, la hora de la enfermedad no supone un esfuerzo extra: «Ha llegado la hora de quitarme de la batalla de la pastoral y entregarme a esta otra que es a despedirme, ya que son 79 años. Es una batalla que yo esperaba y que me gusta. Porque yo creo a ciencia cierta que esto no es lo último, que viene otra cosa. Luego, lo que tengamos que vivir aquí, tenemos que vivirlo con alegría y con optimismo, pues no depende de nosotros».fabian3

Seguro que Don Ramón Buxarráis vio en él algo especial para convencerle de estudiar cinco años en el Seminario (mientras continuaba con su trabajo como cartero) y acabar ordenándolo de diácono. «Don Ramón es lo mejor que me ha pasado, pues me ayudó a realizarme como cristiano», afirma.

Esa fe firme se transparenta ahora, en momentos donde otros sólo ven angustia. «Ante la enfermedad y la muerte, nosotros no tenemos por qué tener pena. ¿Que tienes un dolor? Eso es lo que te ha mandado Dios, ¡tanta lata que le has dado tú a Él”», dice mientras ríe a carcajadas. «Este momento no lo queremos ninguno; pero cuando lo esperas, es muy diferente»

¡Qué bello es vivir

Pasar un rato a su lado es recibir una dosis en vena de esperanza. Esa verdadera alegría que llena el corazón y que no puede ahogar ninguna situación humana, por dolorosa que sea. Para un hombre como Fabián, acostumbrado a vivir junto al dolor humano, la hora de la enfermedad no supone un esfuerzo extra: «Ha llegado la hora de quitarme de la batalla de la pastoral y entregarme a esta otra que es a despedirme, ya que son 79 años. Es una batalla que yo esperaba y que me gusta. Porque yo creo a ciencia cierta que esto no es lo último, que viene otra cosa. Luego, lo que tengamos que vivir aquí, tenemos que vivirlo con alegría y con optimismo, pues no depende de nosotros». Seguro que Don Ramón Buxarráis vio en él algo especial para convencerle de estudiar cinco años en el Seminario (mientras continuaba con su trabajo como cartero) y acabar ordenándolo de diácono. «Don Ramón es lo mejor que me ha pasado, pues me ayudó a realizarme como cristiano», afirma. Esa fe firme se transparenta ahora, en momentos donde otros sólo ven angustia. «Ante la enfermedad y la muerte, nosotros no tenemos por qué tener pena. ¿Que tienes un dolor? Eso es lo que te ha mandado Dios, ¡tanta lata que le has dado tú a Él”», dice mientras ríe a carcajadas. «Este momento no lo queremos ninguno; pero cuando lo esperas, es muy diferente». ¡.diocesisdemalaga

Una segunda vocación

Fabián García retomó la vocación religiosa de su infancia convirtiéndose hace cerca de treinta años y por recomendación del obispo Buxarrais en diácono. Hasta ayer era el más veterano de España

La vida le deparó aquello que dejó en su infancia, la posibilidad de seguir una vocación religiosa, aunque en esta ocasión, casado y con cinco hijos.
Fabián García es un cordobés de Pozoblanco que transmite serenidad y buen humor cuando recuerda su vida. Nació en 1936, de padres transportistas, “de carros”, puntualiza, y a los 11 años quiso convertirse en salesiano marchando a Antequera, pero con 18 años decidió salir y ayudar a su padre en el trabajo.
Otra vuelta de tuerca en su vida: gana las oposiciones a cartero en Córdoba y es destinado a Barcelona. “Estuve año y medio muy achuchado porque tenía que tener un pluriempleo al ser los alquileres muy altos”. En 1962 se casa con su novia, de Pozoblanco, y en el 67 es destinado como cartero a Torremolinos.
“Era una época muy curiosa porque empezaba el turismo y la vida que llevábamos era muy buena porque la gente era muy simpática”, recuerda. Al permanecer en el mismo distrito, “no como ocurre hoy en día”, tiene la oportunidad de conocer a todo el mundo y hace amistad con personas como “Juan Abelló, doña Elena de Ron Bacardí y los López de Letona”.
El mismo año que llega a Málaga, en el 67, alquila un piso en Bonaire y luego lo compra por 200.000 pesetas. Son los tiempos en los que una persona de la constructora acude cada mes para cobrar 700 pesetas, mientras el sueldo le llega ´en sobre´. “Durante mucho tiempo no tuve nada que ver con los bancos”, sonríe.
Fabián empieza a hacer cosas por su barrio, siempre de forma callada, como proporcionarle un salón social. Precisamente por este salón social, que quiere que esté a nombre de la Iglesia, comenzará a tratar al obispo Ramón Buxarrais, quien le anima a convertirse en diácono. Es el año 1976.
“Yo le dije que tenía cinco hijos pero él me convenció, asistía a clase en el Seminario por la noche, después de 10 horas de trabajo en Correos”. Tras cinco años de estudios teológicos, en 1981 Fabián García se convierte en diácono y en nuestros días es el más antiguo de España. Un peldaño por debajo de los sacerdotes, pues no puede consagrar, este cordobés de Bonaire ve su vocación como una labor de entrega a los demás y pone dos ejemplos de famosos diáconos: San Lorenzo y San Francisco de Asís.
Colaborando con Ramón Buxarrais en numerosos barrios de Málaga y también en pueblos, Fabián ha reencontrado su vocación. “También para ser diácono hay que tener suerte, mi familia me ha ayudado muchísimo y tengo una mujer que es una fuera de serie”.
Además, como diácono pudo seguir peleando por mejoras en su barrio, siempre en un segundo plano. De estos casi treinta años de trabajo ha sacado una importante conclusión que no deja de repetir allí donde tiene ocasión: “La vida del ser humano sólo encuentra la felicidad amando y sirviendo. La diaconía me ha traído muchos enredos pero también sientes una satisfacción interior, una tranquilidad y una paz enorme”.laopiniondemalaga

Mi misión es estar al lado de los que tienen muy poco rato de alegría

A sus 72 años, este cartero jubilado presta su apoyo a los más necesitados desde hace casi tres décadas

Ahora ejerce su labor en Parcemasa, sin perder la sonrisa y sin dejar de ser esposo, padre y abuelo

Con casi tres décadas al servicio de la Iglesia y de los demás, Fabián García es el diácono permanente más veterano de España. Nacido en Pozoblanco (Córdoba) hace 72 años y afincado en Málaga, este hombre humilde y de buen corazón es cartero jubilado, esposo, padre, abuelo y bisabuelo. Pero también es el apoyo de todo aquel que sufre, ya sea en una parroquia, en la capellanía de la cárcel o en el cementerio.
¿Por qué decidió ser diácono?
No lo decidí, lo decidieron. Me lo propuso don Ramón Buxarrais Ventura, entonces obispo de Málaga. Yo llevaba veinte años casado, tenía cinco hijos y trabajaba como cartero. No lo vi muy claro, pero hasta que no caí, no me dejó.
¿Por qué cree que se lo propuso?
Buscaba gente con valores y no sé por qué se fijó en los míos porque son muy normalitos (risas). Sería porque estudié con los Salesianos y porque colaboré en la creación de un salón para la juventud en mi barrio (Bonaire). Además, fui uno de los vecinos que ayudó a comprar el local donde montamos la primera iglesia de la zona, que estaba justo debajo de mi balcón.
Ya estaba vinculado a la Iglesia desde antes.
Sí. A los once años, los Salesianos me metieron una dosis en el corazón que todo lo que oliera a Iglesia me atraía. Sobre todo, el tema de ayudar a las personas con problemas de drogas y a los jóvenes.
Entonces, ¿en qué cambió su vida cuando se ordenó?
Cambió mi compromiso con la Iglesia. Tuve la obligación de predicar el evangelio y de vivir más conforme a él.
¿En qué consiste ser diácono?
Nuestra misión es vivir con cariño e ilusión y estar al lado del que sufre, del currante y de aquel que tiene muy pocos ratos de alegría.
¿Y cómo lo perciben los fieles?
La Iglesia nos acepta a rabiar. Además, somos más cercanos, tenemos una familia y los mismos problemas que cualquiera.
¿Y su familia?
Los míos me han ayudado al máximo, sobre todo mi mujer. Siempre hay una mujer de bandera detrás de un hombre (risas).
¿Fue difícil ser cartero, esposo, padre y diácono a la vez?
No hay nada difícil. Sólo hay que vivir feliz cada momento y punto. Es la primera obligación como cristiano y como ser humano. Y quien no lo haga así está equivocado.
¿Creo que hoy se es menos feliz que antes?
Claro que sí. A la juventud le hemos dejado un agobio de hipotecas y de trabajo. Pero no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita. Todo el que haga su vida de la grandeza y del mandato, felicidad va a tener poca.
Ahora ejerce su labor en Parcemasa, allí es difícil ser feliz.
Son momentos muy difíciles de asumir por los familiares, a no ser que tengan una fe profunda. Lo que más ayuda es la comprensión, el silencio y la escucha. Me han pasado cosas muy difíciles allí, pero Dios te da entereza cuando vas en su nombre.
¿Cuál ha sido el momento más emotivo?
Los momentos más bonitos que yo he vivido y los que me tienen en pie es cada vez que un drogadicto ha recuperado su vida con mi torpe y poca ayuda.
Bautizar y casar también debe de ser muy bonito.
He tenido la alegría de bautizar a mis nietos y de casar a algunos de mis hijos. Todo queda en familia (risas). Es muy bonito, lo que pasa es que muchas veces se casan por la Iglesia por costumbre o porque la abuela se enfada (risas).
¿Cree que hay falta de fe?
Hay falta de formación. Para ser cristiano hace falta conocer a Cristo por medio del evangelio y eso no ha calado.
¿Y de vocaciones?
De curas, sí. De diáconos, no. Los jóvenes de hoy son muy inteligentes y temen vivir la soledad del cura. Si bien, creo que un diácono se debe ordenar para una misión concreta y eso para un obispo tiene que ser difícil. Pero si se hiciera una labor de las vocaciones diaconales, sobrarían. Creo que somos necesarios en muchos lugares, como en las casas de acogida, en los hospitales o al lado de las personas mayores.sur

 

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Publicado el 27 febrero, 2016 en Noticias diaconado Iglesia de España, Testimonios y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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