Ordenaciones en Moterrey, Méjico: 21 nuevos diáconos.

Con gran alegría, el pasado sábado el Arzobispo de la arquidiócesis de Monterrey, Méjico. d Mons. Rogelio Cabrera López, ordenó 21 diáconos permanentes en la Basílica de Nuestra Señor del Roble, Patrona de la ciudad. Además los diáconos permanentes renovaron las promesas diaconales ante su Obispo, sus familias y demás fieles que asistieron de sus comunidades.11

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Palabras del arzobispo, Mons. Rogelio Cabrera López:

Hermanas y hermanos fieles laicos, esposas de estos candidatos, hermanos diáconos, hermanos presbíteros, hermanos obispos, gracias a todos por venir a esta Basílica de la Virgen del Roble y ser testigos del amor de Dios que se derrama en favor de estos hermanos nuestros que el Señor los llama al servicio de los pobres y del altar.

La Palabra de Dios oportunamente nos pone en el centro de esta celebración. La Palabra nos invita a mirar al diácono por excelencia: Jesucristo Nuestro Señor. Él no vino a ser servido sino a servir a todos, Él inicia este ministerio, Él comparte este servicio con ustedes hermanos diaconos. La Iglesia reconoce la sacramentalidad del diaconado, porque ustedes al recibirlo y ser consagrados por la imposición de manos y la oración consecratoria, son otros Cristos: hacen presente a Cristo diácono, a Cristo servidor.

No podemos matizar aquello que Cristo ha dicho con toda precisión: “el que quiera ser el primero que sea su esclavo”. Oyen bien, esclavo. No dijo servidor, no dijo ayudante, ¡esclavo! Y esclavo significa entregarse totalmente al servicio de alguien. Son ustedes esclavos de Cristo, son esclavos de la comunidad, y sobretodo de los más pobres. A eso los llama el Señor, a servir en la única esclavitud que no denigra, que no quita la dignidad de quién sirve. Porque hay esclavitudes que dañan, que borran la dignidad humana. El servicio es una esclavitud que dignifica a los demás y lo dignifica a uno mismo.

Hermano diácono, cuando ves a un pobre y cuando visitas a un enfermo, le devuelves dignidad, reconoces en él a un ser humano creado a imagen y semejanza de Dios, alcanzas a mirar, en él, al mismo Cristo.

Ésta es la belleza de la esclavitud del diácono, tiene la oportunidad de mirar en el más pobre, en el enfermo, a alguien que es creado a imagen y semejanza de Dios. Por eso hoy decía el Señor: “si quieres ser el primero, hazte el último”. Servir al pobre y servir al altar, la mesa eucarística y la mesa donde se da el pan para vivir. El pan que se sirve en la mesa eucarística nos tiene que recordar que se tiene que servir en la otra mesa, la mesa de los más pobres. Son ordenados al servicio de los pobres y al servicio del altar. No se pueden separar, no puede uno servicio eliminar al otro; no están solo para ayudar en la Misa, también son ordenados para velar por los pobres, para que tengan el alimento necesario.

Hoy el Señor les hace estas encomiendas: que cuiden el pan eucarístico; que cuiden el pan de cada día, el pan que permite que los más necesitados tengan que comer. Les recuerdo y les encargo que equilibren sus tiempos, que no solo sean celebradores litúrgicos, recuerden que están al servicio de la pastoral de los más necesitados.

Cuatro características que deben de tener los diáconos, las oraciones de esta Eucaristía nos las recuerda: que sean incansables en el don de sí mismo, puesto que es la clave del servicio; constantes en la oración, la Iglesia les encomienda, de acuerdo a su situación personal y familiar, hacer la oración que la Iglesia pone en sus manos, interceder por el pueblo de Dios, orar con la palabra del Señor y vivir diariamente la participación en la Eucaristía; alegres y bondadosos, el servicio que no va acompañado de una sonrisa pierde riqueza, pierde valor. Qué importante es verlos sonreír, hacer su diaconía con gusto, con alegría, con bondad, que brote del corazón.

Hermanas y hermanos que nos acompañan: no dejen de orar por nuestros diáconos. La Iglesia hoy los recibe y les da estos encargos; la Iglesia Católica, que tiene la potestad de poner en práctica los sacramentos, sabe cuándo y cómo los distribuye. El Señor les ha dado la vocación al matrimonio y ahora Él mismo los llama a dedicar parte de su tiempo a servir a la Iglesia, a servir a las dos Mesas: a la mesa del altar y a la mesa de los pobres. Nos da mucho gusto ordenar a los 21 nuevos diáconos, así tendremos este ejército de bondad y de misericordia. Queremos encomendar su ministerio a la luz de Cristo y a la imagen de la Virgen María. Que el Señor los bendiga.

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Publicado el 13 septiembre, 2016 en Noticias diaconado Iglesia Universal, Ordenaciones y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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