El diácono japones de “Silencio”

Muy interesante comentarios  de D. David Jiménez:

Pues lo que dice este señor, Gonzalo Haya, contradice la teología católica. Voy a ser un poco inmoderado.

1. Dice: “El anuncio de castigos que leemos en los evangelios se refiere a los que causan daños al prójimo, no por ofensas a Dios. No se concibe un Dios amor y Padre que prefiera la muerte y la tortura de sus hijos antes que hacer una declaración, forzada y falsa, de su apostasía. ¿Qué padre pediría a sus hijos que se dejaran torturar antes que renegar de él?”

La apostasía es un pecado grave. No hay que relativizarlo, ni en peligro de martirio. Es algo heroico no apostatar en caso de amenazas, por eso la Iglesia siempre ha venerado a los mártires. Desde las primeras comunidades.

Incluso con su comentario, este señor contradice Mt 10, 30ss: “En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos. Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos.”

2. Dice: “No creo que el MIR fuera más compresivo que Dios.”.

Bueno, el juicio le corresponderá a Dios, no a Ud. ¿Que Dios es misericordioso? ¡¡¡Lo sabemos!!! Pero deje ud. a Dios hacer de Dios. Lo que ud. crea o no es irrelevante. A mí me importa lo que dice la teología, la de la Iglesia, que es la custodia.

3. Dice: “El “diácono” de la comunidad resiste cuatro días los embates del mar cantando himnos sagrados. Es una fe un tanto infantil, como corresponde a su tiempo y a su nivel social, que necesita estampitas y rituales religiosos.”

Claro, la fe madura es la suya, sr. Haya, que escribe en una web llamada así (www.feadulta.com). Su fe es adulta, no como los que intentamos, con nuestros errores y pecados, ir siguiendo la teología católica que nos propone la Iglesia. Nosotros somos inmaduros, ud. no.

Ud. es el maduro, por eso supo interpretar de nuevo, con voz profética, lo que juró el día de su ordenación, ¿verdad?, y se secularizó. Claro, es lo que tiene tener tantos títulos teológicos: le da a uno la capacidad de justificar sus propias infidelidades (o apostasías) quedando fresco como una rosa.

4. Dice: “Nuestra conciencia es la voz permanente Dios.”

Mire no, nuestra conciencia puede estar deformada totalmente y uno puede creerse profeta y no lo es, por eso hay que contrastarla permanentemente con la Sgda. Escritura, con el Magisterio, con la Tradición, etc. Es de 1º de Teología, sr. Doctor. Parece olvidar lo estudiado en la Gregoriana… Claro, hace tanto tiempo…

En Veritatis Splendor se nos habla largo y tendido de todo esto. ¿Que no está de acuerdo con Veritaris Splendor? Ah, vale, entonces siga con su conciencia, con su relativismo y con el “todo vale si a mí me vale”.

Pero no todo vale, sr. Haya. No todo vale. La apostasía no vale. Que Dios nos dé su gracia, como se la dio a san Lorenzo, san esteban, san Vicente, y tantos otros mártires diáconos, para ser fieles, si llegase el caso, somos amenazados de muerte por nuestra fe.

Crítica de la película “Silencio” de Martín Scorsese en ATRIO

 

“La comunidad japonesa:            Es una comunidad ejemplar. Está arriesgando continuamente su vida y la de sus hijos por conservar su fe, remando contra la corriente de su cultura ancestral y de las exigencias de su sociedad. El “diácono” de la comunidad resiste cuatro días los embates del mar cantando himnos sagrados. Es una fe un tanto infantil, como corresponde a su tiempo y a su nivel social, que necesita estampitas y rituales religiosos. Es testimonio de un Dios que se revela a los sencillos (Mt 11,25).

Una extraordinaria película que da mucho que pensar 

Ayer asistí a la proyección de “Silencio” en una sala llena de asientos vacíos. Aparte de su gran calidad cinematográfica (que aprecié aunque entiendo poco de ello), la densidad humana de este filme y su profundo planteamiento religioso exigen algún comentario.

Desearía tener el libro original o el guión de este filme, pero me contentaré con los recuerdos que me han quedado flotando, y escogeré los que considero más importantes; pero antes de comenzar resumo muy brevemente su argumento.

En el siglo XVII Japón se cerró al comercio de las naciones colonialistas occidentales y quiso extirpar el cristianismo que traían consigo. Un misionero Jesuita cedió ante las torturas y apostató. Dos jesuitas se ofrecieron voluntariamente a ir a Japón para reconvertirlo y ayudar a las comunidades cristianas ocultas.

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Apostasía

Para un cristiano el tema principal de este filme es la apostasía y tradicionalmente su primera reacción sería considerarlo como el mayor pecado y la más grave condena eterna. Sin embargo, la teología actual tiene mucho que decir sobre este tema. El anuncio de castigos que leemos en los evangelios se refiere a los que causan daños al prójimo, no por ofensas a Dios. No se concibe un Dios amor y Padre que prefiera la muerte y la tortura de sus hijos antes que hacer una declaración, forzada y falsa, de su apostasía. ¿Qué padre pediría a sus hijos que se dejaran torturar antes que renegar de él?

En tiempos de Pinochet, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) dio a sus militantes la consigna de que, si los detenían e interrogaban, tenían que resistir 24 horas sin denunciar a nadie, de modo que los compañeros tuvieran tiempo de esconderse, pero luego podían aportar datos concretos. No creo que el MIR fuera más compresivo que Dios.

Comprendo que en el caso de los misioneros no sólo se trata de la ofensa a Dios sino también, y a mi juicio más importante, se trata de la desmoralización de la comunidad (el escándalo al que se refiere Pablo en Rom 4,19-22, aunque en circunstancias muy diferentes). La sangre de los mártires –su heroico testimonio– fue la semilla de nuevos cristianos. Este heroísmo sería una situación que habría que analizar en cada momento según la capacidad personal y la discreción de espíritus.SILENCE, YOSHI OIDA, SHIN'YA TSUKAMOTO, ANDREW GARFIELD, ADAM DRIVER, 2016. PH: KERRY BROWN/©

Tenemos un ejemplo muy claro de apostasía en los evangelios. Los evangelistas nos cuentan que Jesús predijo a sus discípulos que le iban a abandonar, pero sin más reproche les citó en Galilea para después de su Pasión. Pedro, como el Padre Rodrigues, afirma rotunda y orgullosamente su adhesión a Cristo, pero luego le abandona en el prendimiento y reniega expresamente de él en casa del Sumo Sacerdote. De nuevo sin ningún reproche, Jesús se reúne con ellos en Galilea.

 

El guía japonés

            Es el personaje del que me siento más cercano (¿qué hubiera hecho yo en sus circunstancias?); apostata varias veces (en eso Scoserse se pasa un pelín) y otras tantas se arrepiente y pide confesión. Reconoce su debilidad que le hace traicionar su fe, pero ésta se mantiene íntegra y confía plenamente en el perdón.

Esta figura me recuerda la oración del publicano (Lc 18, 9-14). Se reconoce como un pecador (cobraba los tributos para los invasores romanos) pero no puede asegurar que vaya a cambiar de vida. Este cristiano admira la fortaleza y santidad del Padre Rodrigues y siente que él, al contrario, merece el desprecio de todo el grupo. Este cobarde apóstata japonés quedará justificado ante Dios y, por su humildad, nos precedería en el Reino de Dios. ¡La lógica del evangelio no coincide con la lógica de la ética humana!

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La comunidad japonesa

            Es una comunidad ejemplar. Está arriesgando continuamente su vida y la de sus hijos por conservar su fe, remando contra la corriente de su cultura ancestral y de las exigencias de su sociedad. El “diácono” de la comunidad resiste cuatro días los embates del mar cantando himnos sagrados. Es una fe un tanto infantil, como corresponde a su tiempo y a su nivel social, que necesita estampitas y rituales religiosos. Es testimonio de un Dios que se revela a los sencillos (Mt 11,25).

 

El Padre Ferreira

            Es el que presenta los temas teológicos que nos planteamos actualmente (no sé si fruto de su dolorosa experiencia o como anticipo literario del novelista): conceptos abstractos sobre Dios, valor salvífico de todas las religiones, inculturación del cristianismo, silencio de Dios. Estos temas merecerían un amplio comentario, pero necesitaría tener a la vista sus palabras.

 

El Padre Rodrigues

            El autor quiere que el lector (y el espectador) comprenda el problema de la apostasía no de una forma intelectual de gabinete sino sintiendo vivencial la tragedia interior; por eso presenta al P. Rodrigues durante un proceso sutil e insidioso del quebrantamiento de la personalidad y de la libertad interior, mediante la tortura física, la tortura moral de ver sufrir a los demás por su causa, y la tortura intelectual de las dudas que le provoca su admirado Padre Ferreira.

Su fe es profunda y sincera, pero un tanto arrogante y confiada, como la de Pedro. Su decisión de ir a Japón para reconvertir al Padre Ferreira es heroica, pero no la somete a la ignaciana discreción de espíritus que le recomienda su Superior religioso (y como insiste ahora el Papa Francisco). Su resistencia es igualmente heroica ante los diversos tipos de tortura, y si finalmente cede es ante la argumentación de Ferreira de que Jesús no dejaría morir a estos inocentes por su culpa, y que el acto de aparente apostasía sería la mayor prueba de amor a Dios.

Su apostasía, como claudicación religiosa y moral, provoca su derrumbamiento psicológico. A partir de ese momento vemos a Rodrigues como un zombi autómata que colabora con el Inquisidor en la denuncia de los cristianos ocultos. Para mí, este derrumbamiento psicológico fue  la secuencia más duras de este filme –más que las torturas– y en la que tuve que resistir el impulso de abandonar  la sala.

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El silencio de Dios

Supongo que para Scorsese éste es el tema central de la película, ya que es lo que ha destacado en el título de este filme.

Ferreira reconoce que oró mucho antes de tomar su decisión de apostatar, pero Dios no le respondía. También las comunidades cristianas padecían este silencio de Dios en medio de sus persecuciones y torturas. Dios no defendía a su pueblo como contaban las Historias de la Biblia, ni explicaba su ausencia.

Actualmente hemos comprendido mejor esta aparente ausencia de Dios. Dios no interviene directamente en los acontecimientos de nuestra historia, ni habla palabras humanas para resolver nuestros problemas intelectuales. Dios está presente en el interior de cada persona (¡y en los lirios del campo!) y se manifiesta en nuestros comportamientos, aunque éstos siempre resultan más o menos distorsionados por nuestros egoísmos.

Dios habló por la heroica actitud de Ferreira y de Rodrigues, por las prudentes advertencias de su Superior religioso, por la fidelidad de las comunidades japonesas, por los himnos que el “diácono” cantaba durante su tormento. No de otro modo “habló por los profetas”. Dios habla también por medio de la compasión budista, que el Inquisidor japonéHayas no respetó, como los Inquisidores cristianos tampoco respetaron la compasión que Jesús manifestó con el hijo pródigo, con Pedro o con la mujer adúltera.

Dios no está en silencio, somos nosotros quienes no le escuchamos. Nuestra conciencia es la voz permanente Dios.

por Gonzalo Haya en ATRIO

Añadido del administrador del blog:

Pasados uno días de ver la película comentamos.”todos reconocemos que no deja indiferente”. Debo reconocer que me ganó Scorsese, al acabar la pelicula con el lema ignaciano: “AD MAIOREM DEI GLORIAM”

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Publicado el 30 enero, 2017 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. DAVID JIMÉNEZ

    Pues lo que dice este señor, Gonzalo Haya, contradice la teología católica. Voy a ser un poco inmoderado.

    1. Dice: “El anuncio de castigos que leemos en los evangelios se refiere a los que causan daños al prójimo, no por ofensas a Dios. No se concibe un Dios amor y Padre que prefiera la muerte y la tortura de sus hijos antes que hacer una declaración, forzada y falsa, de su apostasía. ¿Qué padre pediría a sus hijos que se dejaran torturar antes que renegar de él?”

    La apostasía es un pecado grave. No hay que relativizarlo, ni en peligro de martirio. Es algo heroico no apostatar en caso de amenazas, por eso la Iglesia siempre ha venerado a los mártires. Desde las primeras comunidades.

    Incluso con su comentario, este señor contradice Mt 10, 30ss: “En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos. Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos.”

    2. Dice: “No creo que el MIR fuera más compresivo que Dios.”.

    Bueno, el juicio le corresponderá a Dios, no a Ud. ¿Que Dios es misericordioso? ¡¡¡Lo sabemos!!! Pero deje ud. a Dios hacer de Dios. Lo que ud. crea o no es irrelevante. A mí me importa lo que dice la teología, la de la Iglesia, que es la custodia.

    3. Dice: “El “diácono” de la comunidad resiste cuatro días los embates del mar cantando himnos sagrados. Es una fe un tanto infantil, como corresponde a su tiempo y a su nivel social, que necesita estampitas y rituales religiosos.”

    Claro, la fe madura es la suya, sr. Haya, que escribe en una web llamada así (www.feadulta.com). Su fe es adulta, no como los que intentamos, con nuestros errores y pecados, ir siguiendo la teología católica que nos propone la Iglesia. Nosotros somos inmaduros, ud. no.

    Ud. es el maduro, por eso supo interpretar de nuevo, con voz profética, lo que juró el día de su ordenación, ¿verdad?, y se secularizó. Claro, es lo que tiene tener tantos títulos teológicos: le da a uno la capacidad de justificar sus propias infidelidades (o apostasías) quedando fresco como una rosa.

    4. Dice: “Nuestra conciencia es la voz permanente Dios.”

    Mire no, nuestra conciencia puede estar deformada totalmente y uno puede creerse profeta y no lo es, por eso hay que contrastarla permanentemente con la Sgda. Escritura, con el Magisterio, con la Tradición, etc. Es de 1º de Teología, sr. Doctor. Parece olvidar lo estudiado en la Gregoriana… Claro, hace tanto tiempo…

    En Veritatis Splendor se nos habla largo y tendido de todo esto. ¿Que no está de acuerdo con Veritaris Splendor? Ah, vale, entonces siga con su conciencia, con su relativismo y con el “todo vale si a mí me vale”.

    Pero no todo vale, sr. Haya. No todo vale. La apostasía no vale. Que Dios nos dé su gracia, como se la dio a san Lorenzo, san esteban, san Vicente, y tantos otros mártires diáconos, para ser fieles, si llegase el caso, somos amenazados de muerte por nuestra fe.

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